Es tiempo de tomarnos el pulso y ver por dónde andamos, como van nuestras relaciones en familia, en el trabajo. Hacer un balance en un tiempo tan complicado, pues casi "no hay tiempo".
Francisco, mi hermano, el de Asís, a quien hemos recordado en este mes, paso por momentos muy distintos en su vida. Disfruto a su manera de lo que la vida y el bienestar de sus padres le ofrecía. Sin embargo un día despertó a la realidad de este mundo, donde no todos "tienen", no todos pueden regalar, ni celebrar. Te invito en estos día a hacer un alto, junto a Francisco, el de Asís y contemplar el mundo y la vida con los ojos de una criatura nueva.
¿Qué necesita hoy tu entorno, de tí y de mi?
¿Te has preguntado alguna vez que TU y YO somos responsables por la vida que Dios ha puesto en nuestras manos?
Te dejo aquí una linda historia...
La lámpara del ciego
Había una vez, hace muchos años, en una ciudad de Oriente,
un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de
aceite encendida.
La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como
aquella. En un determinado momento, se encuentra con un amigo.
El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que
es Guno, el ciego del pueblo.
Entonces, le dice:
- ¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si
tú no ves...
Entonces, el ciego le responde:
- Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. No la necesito.
Me conozco de memoria las calles de la ciudad aun en la mayor oscuridad.
Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me
vean a mí...

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